miércoles, 1 de julio de 2009

Pequeña ponencia de una mente en conflicto.

Pequeña ponencia de una mente en conflicto.

Era una ocasión de encontrarse con el arte, la música, en fin una tarde de teatro. La invitación estaba abierta a cualquier persona que quisiese participar de una tarde de entretención… Sin embargo lo que encontraron seguro marcaría sus vidas de vergüenza y humillación…

Con la siguiente frase comenzó su monólogo. “Con pesar me he dado cuenta que la vida es un cuadro que se repite, que contiene un código determinado de colores y expresiones”

Sentado solo…solo, dentro del haz de luz que proyectaba un reflector, su mirada ya no tenia el brillo característico de la niñez, en ves demostraba una profunda herida por la cuales sangraban todos aquellos pensamientos y emociones que caracterizan a la humanidad. Esto no lo convertía en una persona indolente, si no en un viajero en busca de explicaciones.
Su ropa rasgada y manchada de colores grises, los zapatos desgastados por tanto correr sin destino, sus manos tristes llenas de orgullosas cicatrices, las cuales se elevaban como montañas entre sus dedos, y claro, aquel camino interminable, ancho como el más ancho de los mares, que surcaba sus mejillas producto de las lágrimas.

La forma de relatar del muchacho sumergía a los atónitos espectadores en sentimiento parco, tan negro como un corazón vengativo que yace en las profundidades del mar.

“Será habitual en el mundo el vivir tan solo…solo. ¿Es que acaso ustedes no son capaces de apreciar cuanta gente es la que lastiman con su indiferencia? ¿No saben lo que podrían crear si sólo extendieran su mano al perfecto extraño? Pero no…Más bien prefieren crear un círculo pequeño de personas, “amigos”, a los cuales les honra llamar en ocasiones especiales para celebrar sus ceremonias sin sentido, pero que de todas maneras son capaces de destruir a puertas cerradas.”

Estas palabras no fueron insignificantes para mí, en mi orgullo de amigo me sentía herido por esta crítica a la amistad, pero en mi corazón de padre se orquestaban nuevos sentimientos hacia este niño… Quería abrazarlo y consolarlo.

Un grito me despierta de esta corta reflexión…

“¡Sí, tu! que me dejaste preparado para desaparecer en el viento, el que creaste las sombras en los insectos para poder opacar mi existencia, tu que me diste nada, aquel magnánimo e imponente mesías que solo has creado una cadena de errores...
¡Escúchame! ¡Este no es tu hijo! ¡Yo soy tu imagen!

Al incorporarse y decir estas palabras, no pude evitar el escalofrío que recorrió mi espina dorsal. Nunca había escuchado una crítica tan directa al dogma divino.

La verdad quise irme de aquel lugar, pero claro, antes fingiendo un gesto de desaprobación. Mi mundo cotidiano de crucifijos neones e ideas demagógicas, se veía amenazado por los albores de esta nueva idea, aquella que irrumpía con la pasividad social con la cual me sentía orgullosamente comprometido y educado.

Debo admitir que ya en la sala no veía como un prójimo al espectador que se sentaba a mi lado.
No. No quiero creer esto, sin embargo, como negar mis oídos a este joven y a su dolor, él no miente, me habría dado cuenta. Siento el deber de escucharlo ¡Mierda he sido parte de el! ¡Soy causante de su soledad!
Quiero tranquilizarme, el no merece ningún tipo de interrupción…

“Pero no, no quiero ser obscuro, no quiero parecer un bandido ni un sacerdote, busco que miren a su alrededor y traten de descifrar ese código de colores e imágenes y que me expliquen cual, en el fondo es el sentido de las relaciones humanas. Responder la pregunta, por qué siendo sordo y mudo para los demás, y o si, han sido ustedes los que me han legado esta irrefutable realidad, yo puedo escucharlos y puedo emitir palabra”.

“Me produce lastima caminar entre ustedes, prefieren ocultar su propio egoísmo con mascaras de cordialidad, que ser realmente cordiales ¿No es eso lo que su dios les ha enseñado? Pues aquí estoy, no me he movido, pero siento que he sido manipulado por sus sentimientos hostiles, que he sido transportado a través de otra dimensión sin la posibilidad de volver”.

“No quiero su perdón…No están en posición de perdonar. Mi vida ya encontró un destino, lejos de su comprensión, ustedes no podrían descifrar mi comportamiento…Ese destino es ayudarlos, si oyeron bien, no creo en ti pero creo en todos ustedes. Sé lo que es capaz de crear la verdadera unión entre las personas, lo he visto millones de veces en mis sueños azules, les otorgo a estos prioridad, caminan entre ustedes y yo seré el que se los enseñe”

La vida me acababa de entregar otra oportunidad. Siempre me considere una persona informada e interesante, sin embargo, al observar los movimientos espontáneos de este niño por el escenario de madera, el escuchar de su vida que estaba tan abandonada como la cortina roja que se flameaba atrás de el, y sobretodo, que a pesar de todos sus tristes días, está dispuesto a ayudarnos a encontrar el verdadero significado de la humanidad.... Me di cuenta que mi sabiduría era nada comparada con su dolor.


“Es la primera vez en mi vida que me siento atendido, les agradezco esto y que caminen los libres y solidarios”

Un aplauso intenso sonó en el antiguo anfiteatro, en momentos pensé que se venia abajo. El sonido de aquellas palmas humanas llenó el lugar y sin duda el corazón del chico…También el mío.

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